La travesía por el desierto

Imagínate una situación que te hubiese traído de cabeza, una de esas en las que estuvieras muy agobiado y de la que pensabas que nunca ibas a salir. En mi caso, un trabajo que tuve en un despacho de abogados, estoy segura de que si existe el infierno después de la vida, no puede ser mucho peor que aquello.

Estuve algo más de cinco años en ese sitio, llegué a enviar, tanto por mail como a pie más de setecientos currículums, y eso sin contar todas las ofertas de Infojobs a las que me apunté. Como no veía que todo aquel esfuerzo diese sus frutos, decidí preparar el B1 de inglés (el nivel que tenía por aquel entonces) a ver si eso me ayudaba a conseguir trabajo; y también me apunté a una oposición, para lo que iba a clase cinco horas los sábados por la mañana y dos horas a clases de informática (para el examen práctico) los jueves por la tarde.

Fue una época muy agobiante. Pensé que no iba a terminarse nunca. Pero llegó a su fin. Recuerdo ese día como si fuera hoy. Llegué a casa tras mi última jornada, un piso alquilado cuyas ventanas eran tan malas que tenía que limpiar el moho de las persianas bastante a menudo en invierno para no enfermar. Como no soy de beber alcohol, mi pareja y yo brindamos con Ferrero Rocher, y luego llamé a mi madre y, cuando descolgó, canté aquello de «Libre, como el sol cuando amanece yo soy libreeee…».

La vida son ciclos, y de vez en cuando siempre sobreviene una época agotadora que parece no tener fin. Sustituye vida por escritura, porque es lo mismo.

Yo, que pensaba que nunca volvería a experimentar el placer de escribir, que estaba casi segura de que no podría escribir nunca más, aquí estoy un jueves por la tarde, viendo cómo se cuelan por la ventana los últimos rayos de sol mientras apuro los últimos tragos de un Nestea a punto de caducar.

Ahora que por fin he vuelto a juntar palabras en este blog todavía pienso que nunca volveré a hacerlo en formato novela y que nunca volveré a publicar, y escribo esta entrada porque, en el fondo, siento que ese también es un pensamiento equivocado. Que al final también terminaré encontrando algo más que un simple oasis temporal. Porque esta travesía por el desierto de las palabras también terminará.

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