Mañana hay un eclipse parcial de sol, que iré a ver a no ser que la urgencia de lo cotidiano se me ponga por delante. Esto me ha hecho recordar todas esas historias de libros antiguos y películas en las que un eclipse era sinónimo del fin del mundo, de brujería, o qué sé yo. Buscaría exactamente las referencias literarias y cinéfilas concretas a este fenómeno, pero no me apetece, porque nunca he sido de guardar datos exactos en mi cabeza.
Lo que sí me pregunto es de dónde sacarían esa información, o quién sería el que se inventaría esas historias tremendistas sobre los eclipses. Pero como sobre tantas otras cosas.
Esto me lleva a recordar aquella frase del filósofo y escritor francés Michel de Montaigne: «Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron».
Y eso me lleva a recordar irremediablemente lo que dijo Adella en su última entrada, «La mitad matemática de tu vida»: «El autor dice que llegado a ese punto empezamos a ser conscientes de que nos falta tiempo para hacer todo lo que querríamos y en ese afán de no desperdiciar ni un solo segundo nos convertimos en especialistas en apartar lo irrelevante de nuestras vidas.»
Lo que quiero decir es que la vida está llena de historias que nos contamos, que nos inventamos, historias sin sentido que nos obsesionan y que, la gran mayoría de las veces, no llegan a cumplirse, pero que nos ocupan el tiempo suficiente para alejarnos de lo importante.
¿Qué importa pensar o estar convencido de que nadie va a leer lo que escribas, que nunca vas a ser lo suficientemente relevante o que las historias que a ti te interesan no le interesarán a nadie? Eso nos lleva a dejar de escribir y, desde luego, no es la página en blanco la que va a ser leída. Al final, nadie nos leerá, pero no porque lo hagamos tremendamente mal o porque hablemos sobre cosas nimias, sino porque nuestro miedo nos ha impedido escribir. Corrijo: nos ha impedido escribir lo que realmente queríamos.
Ese es el bloqueo del escritor, no es el miedo a la hoja en blanco, si no la parálisis por análisis, criticarnos tanto a nosotros mismos y a lo que hacemos que, simplemente, dejamos de hacer. Y eso es lo que me he propuesto este año con este blog y con todo lo relativo a la escritura, que no me importe el qué dirán porque, en realidad, nadie dice.
¿Para qué crear un canal de Telegram donde la gente pueda estar al tanto de cada entrada que se publique en este blog? Para nada, igual escribir, para nada. Por eso escribimos, y por eso ese canal es aquí.