¿Alguna vez has tenido la sensación al leer un libro de que estaba escrito para ti?
Yo la tuve hace un par de semanas cuando leí La vida empieza a los cuarenta, de Gregory Cajina Heinzkill.
El autor dice que llegado a ese punto empezamos a ser conscientes de que nos falta tiempo para hacer todo lo que querríamos y en ese afán de no desperdiciar ni un solo segundo nos convertimos en especialistas en apartar lo irrelevante de nuestras vidas.
Es el momento en que empezamos a vivir por primera vez. Ya no queremos repetir lo conocido sino que ansiamos nuevos retos.
Dejamos el ego atrás y nos concentramos en que nuestro paso por esta tierra sea trascendente, en dejar más de lo que hemos tomado.
Según la página del Ministerio de Sanidad en España la esperanza de vida en mujeres se sitúa en 85 en mujeres y 79,5 en hombres.
Teniendo en cuenta esos datos, yo ya he superado la mitad matemática de mi vida.
Y he aprendido unas cuantas cosas:
- No se toman decisiones importantes cuanto se está triste o enfadada.
- No merece la pena malgastar el tiempo en algo que no te hacen feliz.
- Mantenerse activo física e intelectualmente no es opcional.
- Vivir sin proyectos, sin ilusiones, sin un propósito, te idiotiza.
- Mereces tener la valentía de darle una oportunidad a tus sueños.
- Hay que poner foco en la meta, pero nunca olvidar que lo importante está en el camino.
- Debes tratarte a ti misma con amor. Siempre.
Gregory Cajina Heinzkill dice que «A los veinte años quizá entendimos el mensaje, pero en realidad no lo comenzamos a comprender hasta que llegamos a la mediana edad».
Yo creo que empiezo a comprender.